pensaba que lo de tener que limar, se limitaría a las piezas que fuese haciendo,
pero veo que no, paciencia.
¡Está fatal! Ha sido difícil dibujar con el compás en el metal y más serrar siguiendo las rayas, que al ser tan finas y cercanas, se juntan al poco de estar mirándolas fijamente, además la sierra parece tener vida propia y va por donde ella quiere, cuando me doy cuenta y quiero rectificar, ya está hecha la carretera sinuosa... Y como en los ejercicios de sierra no está aconsejado limar, pues éste es el resultado. Las joyas van a tardar un poquito más de lo pensado.
Un reloj como este, marcaba el fin de mis vacaciones de verano, en aquellas soleadas pero frías mañanas de Septiembre, esperando el tren camino del internado. Que minutos tan cortos, la aguja que los marcaba, rebotaba y parecía que iba a saltarse un par de minutos cada vez que se movía, cuando llegaba al seis, todo cambiaba, el jefe de estación salia al andén, el tren llegaba, mis padres se aceleraban con la maleta, besos y abrazos. Para mi, comenzaba un largo viaje de aventura y desventura. ¡Doce horas! Esa era la medida que separaba mi casa, de mi colegio, dos mundos completamente diferentes. Recuerdo que al regresar, lo primero que veía, era ese reloj y me parecía que estaba parado, le miraba de reojo entre la alegría de los que me esperaban, y no recuerdo ver moverse el minutero jamás. Y, si, la araña que lo habitaba continuaba allí.
Mirabel, una fruta originaria de la Selva Negra e introducida a principios del siglo XX en la zona de O Rosal, en la desembocadura del río Miño. Se trata de una pequeña ciruela amarilla, de sabor agradable, que se puede consumir al natural, en almíbar, con nata, en aguardiente o bañada en chocolate...